Como en algunas otras victorias o derrotas, Saúl Álvarez caminó junto a su esposa y una de sus hijas hacía la tarima improvisada en una carpa gigante que se encontraba a solo unos pies del Allegiant Stadium, el escenario en donde acababa de perder por tercera vez en su carrera profesional.
Visiblemente afectado, no solo por las marcas en su cara que le dejaron los golpes, Canelo reconoció que Terence Crawford fue superior a él. No dio excusas, pero parecía haber dado un aviso de que su cuerpo le estaría dando la orden de que su tiempo en el boxeo se está agotando.
Durante los últimos asaltos, la frustración de Canelo fue evidente, bajó las manos, sacudió la cabeza y en varias ocasiones pareció resignado. A pesar de haber tenido un gran campamento, sus 35 años de edad, 20 de ellos como profesional, fueron muy evidentes.
Sí, Crawford tiene 37 años, pero Canelo acumulaba 26 peleas más que él previo al combate, agregando a un desgaste físico que ya no perdona.
“A veces lo intentas y tu cuerpo no puede más”, dijo Canelo. “Esa es mi frustración. Quizás no pueda entender a Crawford, pero mi cuerpo ya no puede más. Lo intenté, pero simplemente no me dejó seguir. Y hay que aceptarlo”.
Canelo reconoció haber conectado golpes a su rival, pero ninguno con la limpieza y la potencia que hubiera cambiado el rumbo de la pelea.
“Golpeé a Crawford, pero no le di ningún golpe limpio con toda mi fuerza”, lamentó Canelo.
Pese a ello, el tapatío reiteró que nunca se dio por vencido dentro del ring.
¿Es realmente el principio del fin para Canelo? Tal vez. Pero un retiro anticipado luce poco probable… especialmente cuando sigue siendo un imán de taquilla. La última prueba está en los $47,231,887 que dejó en ingresos brutos la boletería del Allegiant Stadium de Las Vegas, según cifras oficiales de Live Gate.
Además, la velada Canelo-Crawford se convirtió en la recaudación de taquilla más grande en la historia del inmueble y con 70.482 aficionados presentes, fue la más concurrida en un evento de boxeo en la historia en territorio estadounidense, superando a Ali-Spinks II.
El estadounidense despojó al mexicano de los cinturones del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), la Federación Internacional de Boxeo (FIB) y la Organización Mundial de Boxeo (OMB).
Tras el final del combate, Canelo levantó su brazo derecho en señal de triunfo, quizá para preparar algún argumento después de que sintió que fue el ganador como lo hizo con Dmitry Bivol en 2022, pero él sabía que había alguien que fue mejor esa noche.
Ese argumento nunca llegó. Canelo aceptó su derrota ante un rival muy superior, que hasta lo hizo ver fácil.
Por otro lado, al momento de escuchar el veredicto, Crawford se arrodilló en el ring y fue él quien terminó con los brazos muy en alto.
“Sabía que había ganado cuando sonó la última campana. Esto no es mi plan, es el plan de Dios. Yo solo llevo a cabo su misión”, expresó Crawford.
Emocionado, recordó a su equipo y a la gente que lo ha acompañado.
“Cuando dudan de mí, dudan de mi equipo. Pensaban que no podían llevarme a donde quería llegar porque no son de una gran ciudad ni tienen reconocimiento”, señaló Crawford. “Pero aquí estamos, haciendo historia. Yo estoy al frente, y detrás viene una nueva generación”.
Aunque celebró con intensidad, Crawford no menospreció a Canelo, dejando en claro la calidad del excampeón.
El resultado marca un hito para Crawford, pues es ahora el primer boxeador masculino en ser campeón indiscutido en tres divisiones diferentes en la era de los cuatro cinturones. Con récord invicto de 42-0 y 31 nocauts, se coloca en la cima de su generación.
“No fue fácil. Solo lo parecía, pero no lo fue. Sin duda es el mejor rival al que me he enfrentado”, reconoció Crawford.
Tras confirmar su tercera derrota, la mirada de Canelo no era la de un hombre que sabía recibiría más de $100 millones de dólares por solo saltar a la lona del Allegiant Stadium, su mirada era la de alguien que posiblemente su cuerpo le dio un gran anuncio que el final de una conmemorada carrera estaba más cerca de lo que pensaba.
Compareció con la serenidad de un hombre que, aunque dolido, sabe reconocer la grandeza de su rival.
“Lo intenté de todas las maneras posibles y entrené muy duro, y él se merece todo el mérito. Esta noche lo di todo, pero no consigo entender el estilo”, confesó el tapatío.
Crawford vio de primera mano esa frustración de Canelo durante algunos de los asaltos. Alrededor del sexto round supo que debía tomar un paso más para controlar por completo el combate, pues sentía que Canelo estaba reaccionando de otra forma, por lo que intentó apretar aún más y agobiar a un Álvarez que lidiaba con su propio ser.
Todo lo que hizo, fue parte de la planeación que tuvo durante su campamento. Aunque Crawford quería hacer más, sus entrenadores le recordaron tener disciplina y paciencia.
Mucho se dijo sobre las dificultades que podría enfrentar al subir dos divisiones, pero el estadounidense aseguró que no sintió desventaja física para enfrentar a Canelo.
“La gente exageró con eso. Él y yo tenemos prácticamente el mismo tamaño. Yo soy un poco más alto, mis brazos son más largos. La diferencia es mínima. Así que cuando decían ‘Canelo es enorme’, me parecía una falta de respeto. Esta noche se vio que estábamos parejos”, explicó Crawford.
Al ser cuestionado sobre si lo que más le complicó fue la velocidad, el movimiento o la potencia de Crawford, Canelo no fue político… “Todo. Él lo tiene todo”.
Por primera vez desde 2018, Canelo deja de ser campeón mundial, aunque aseguró que no pierde ese orgullo.
“Me siento un campeón pase lo que pase. Gano o pierdo, sigo sintiéndome un campeón. Hay que aceptar la derrota y aceptarlo todo. Voy a seguir adelante”, afirmó Álvarez.
Sobre si Floyd Mayweather Jr., ante quien tuvo su primera derrota como profesional en 2013, era mejor que Bud, Canelo aseguró que no.
“Creo que Crawford es mucho mejor que Floyd Mayweather”, dijo Canelo sin dar más explicaciones.
Más allá del boxeo, Canelo habló como padre y esposo. Relató que en el vestidor se reunió con su familia para explicarles la importancia de aceptar tanto la victoria como la derrota.
“Mis hijos y mi esposa estaban un poco tristes, pero les dije que así son las cosas. No es una derrota, es una lección. Hay que aceptar las dos caras de la moneda. Eso es lo que quiero enseñarles, que se aprende tanto cuando se gana como cuando se pierde”, declaró Álvarez.
Conmovido, habló de su hija recién nacida, de apenas un mes de vida, que lo esperaba en la habitación del hotel.
Canelo evitó dar detalles claros de sus próximos pasos y darse tiempo para reflexionar, pero mucho de ello será el estar al lado de su familia, que lo acompaña en las victorias y derrotas.
La derrota ante Crawford no acelerará su retiro, pues tiene un contrato de cuatro peleas valorado en alrededor de $400 millones de dólares con Turki Alalshikh y Riyadh Season que no querrá deshacer, pero que podría rediseñar su estrategia en cuestión de quiénes serán sus próximos rivales. Con Crawford, ya cumplió con la primera.
“Quiero ver qué pasa en el futuro. Sin duda habrá cosas buenas”, señaló el excampeón. “Gané sólo por estar aquí”.
Aunque su legado ya está asegurado con más de 20 años de carrera, múltiples títulos en diferentes divisiones y victorias sobre grandes nombres, esta derrota marca un punto de inflexión. La incógnita será cómo reaccionará, si buscará revancha inmediata o tomará otro rumbo.
La victoria coloca a Crawford en un pedestal histórico junto a Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao, al convertirse en el tercer campeón lineal en cuatro divisiones y en el segundo boxeador en lograr ser indiscutido en tres categorías, algo que solo Henry Armstrong había conseguido en 1938 en un contexto distinto.
“Significa mucho porque siempre dijeron que yo peleaba contra don nadies. Pues bien, ¿qué pueden decir ahora? He hecho todo lo que dije que iba a hacer. Ascendí dos divisiones, enfrenté al indiscutido, le quité todos sus títulos. Eso es grandeza”, afirmó Crawford.
Al compararse con Mayweather Jr., fue respetuoso.
“Floyd fue el mejor de su época. Yo soy el mejor de la mía. No hay necesidad de compararnos”, dijo Crawford.
La velada en el Allegiant Stadium reunió en su mayoría aficionados mexicanos que esperaban ver a Canelo consolidar aún más su legado. Pero salieron siendo testigos de una de las grandes actuaciones en mucho tiempo.
Esos fans abuchearon a un Crawford que había hecho su caminata al ring vestido con un atuendo inspirado en la película de 1995, Desperado, de Antonio Banderas y Salma Hayek, acompañado de música en vivo y con guitarra en mano, y que firmó la victoria más emblemática de su carrera.
Al final del combate, esos mismos aficionados lo aplaudieron, reconociendo su gran actuación ante su derrotado campeón.
“Era parte de mi atuendo. El atuendo estaba inspirado en la película Desperado. Como ves, llevaba la guitarra y todo”, explicó Crawford. “Mi gran amigo de la infancia, Jacinto Robles fue quien interpretó una canción y actuó esta noche. … Como dije, también tengo a mexicanos y latinos de mi lado. Ha sido una noche preciosa”.
A diferencia de muchos otros peleadores, Crawford dice poco, es reservado, pero intenso cuando va sobre su rival, evita lo teatrico y va directo al grano. Derrotar a Canelo enfrente de su afición, que dominaba la mayoría de las entradas, y ser tan sólo el tercero en la cuenta de derrotas de Canelo, es más que suficiente para vociferar de orgullo, pero él no lo hizo.
Crawford esperó al final del turno de Canelo ante los medios en la carpa gigante para devolverle los cinturones. Un acto que podría haber hecho en privado, en los vestidores, pero lo hizo ante los medios y su familia en son de respeto, extendiendo su mano a su rival, a su esposa y a su pequeña hija.
“Cuando firmé el contrato, ya sabía que iba a ganarle. No es sorpresa para mí. Es sorpresa para todos ustedes, porque no me creen. Pero yo siempre supe que podía hacerlo”, aseguró Bud con la confianza de quien no sólo venció, sino que dominó a un rival histórico. Fuente: Los Angeles Times

